para tomar aliento
patricia romana bárcena molina





     Fui invitada a participar al 2º Encuentro Internacional de Escritores en Salvatierra, Guanajuato. Esta vez para rendir homenaje a nuestra querida Enriqueta Ochoa y al escritor René Avilés Fabila. Por tratarse de un evento bien organizado las cosas resultaron muy bien; buenas lecturas, ponencias, presentaciones de libros, mesa de niños poetas, excelente dramatización de "El Retorno de Electra" para recordar la hermosa poesía de Enriqueta Ochoa y momentos de convivencia enriquecedora. Tuve un tiempo de desaliento antes de llegar al lugar, cuando abandoné la carretera de cuota y transité por los caminos olvidados y tristes que cruzan pueblos sumergidos en la pobreza absoluta. Por ahí no ha pasado el tiempo, por ahí no se mira el crecimiento económico del discurso oficial, en esas tierras secas y oscuras el agua sigue siendo la gran ausente. Apagué la música y pensé, pensé mucho en la vida de esos pueblos, en el retraso, en la marginación. Para qué servirán la Enciclomedia y los pizarrones conectados a Internet (si es que algún día llegan) a los pocos niños que acuden a la única escuela del pueblo, cuando lo que necesitan es comer y cubrir su cuerpo de las inclemencias del tiempo. Todos, hombres, mujeres, ancianos y niños muestran un rostro apagado y deambulan sin alegría. Nos miran pasar como seres extraños y se retraen. Tal vez nos temen.

     No puedo olvidar esas imágenes, me siguen como un fantasma. Fue hasta el segundo día del encuentro cuando algo me alentó. Lucina Kathmann, escritora estadounidense radicada en San Miguel de Allende desde hace 25 años, tomó la palabra en la presentación del segundo volumen de su libro "PARA QUE NOS ESCUCHEN" donde recrea historias, artículos, cartas, situaciones, memorias y testimonios de escritoras del PEN Club Internacional, del cual es presidenta del comité de Escritoras. Toma sus trabajos y los agrupa en secciones: América Latina, Naciones Unidas- guerra y paz, sección Kurda y Africana. En casi todos los casos destaca la difícil situación de las mujeres, más aún de aquellas que toman la pluma y sufren la censura, la vejación y la persecución. Es impresionante la cantidad de casos de los cuales es testigo. Lucina ha viajado por todo el mundo y comprende la necesidad de enfrentar las dificultades, unidas. Pero, lo que quiero resaltar es algo sobre la sección que ella llamó "Personal", y transcribo el primer fragmento.

"Como muchas escritoras, soy madre de hijas, pero a diferencia de la mayoría recibí a mis hijas al mismo tiempo. Una noche horrible hace quince años mi mejor amiga, que ya era viuda, murió de parto inesperadamente, y heredé a sus cinco hijas y un hijo, incluyendo a la recién nacida, a quien ella dio a luz cuando murió. Aquella noche comencé a criarlos junto con mis dos hijos. Todo empezó alrededor de la media noche cuando Charlie, mi esposo, entró a la recámara con la recién nacida y dijo:-¿Te sobre leche?, esta bebé se ve muy mal.

"Yo estaba amamantando a mi bebé de siete meses, y todavía me sobraba leche. Llevé a la bebita a mi pecho, ella chupó agradecida mientras Charlie me habló de las preparaciones del cuerpo de mi amiga para el velorio.

"En México, a veces la gente abandona a los niños en el hospital si la madre no puede criarlos. Charlie era norteamericano; probablemente el personal del hospital pensó que él tenía dinero para criarla. Esa noche decidimos criar a todos los niños. Nunca pudimos acordarnos cómo tomamos la decisión, casi todo lo que pasó en ese entonces se ahogó en lágrimas. No sé si fue mi decisión o la de Charlie o verdaderamente una decisión mutua. A la mañana siguiente era un hecho. Yo, que había llegado a los cuarenta y tres años sin tener un hijo, ahora, tres años y medio después, era la madre de ocho. Siete años más tarde, Charlie murió de cáncer y me convertí en el padre y la madre de todos".


     ¿Es posible tomar una decisión de esa envergadura y asumir las consecuencias?

     Sí, Lucina lo logró, hoy la mayoría de sus hijos son profesionistas o están en el camino.

     Una mujer extranjera logró vencer la adversidad de éste suelo árido, donde depositó semillas y les arrimó el agua necesaria, pero, no sólo dedicó su tiempo a esa sublime tarea sino que continuó su carrera como periodista, escritora y defensora de los derechos humanos. Gracias a su empeño ha logrado liberar a escritores y escritoras encarcelados. Hoy mismo, en este Encuentro estuvo recabando firmas. Lucina sufre en carne propia la pérdida de aquellos que han sido silenciados para siempre, y dice que eso nos empobrece a todos. Por eso, rescata sus palabras intentando inmortalizarlos, como el caso de Alaíde Foppa, poetisa, traductora, profesora y luchadora guatemalteca, desaparecida y probablemente asesinada por militares de su país. Aquí transcribo el poema que Lucina incluye en su libro para referir que en esas palabras se encierra la suerte de muchas mujeres que con su escritura dan testimonio de su realidad, motivo por el que son perseguidas y aniquiladas.


Una infancia
nutrida de silencio,
una juventud
sembrada de adioses,
una vida
que engendra ausencias.
Sólo de las palabras
espero
la última presencia.



     Charlar con Lucina Kathmann me hizo mirar las cosas de otra manera. Mi regreso por los mismos caminos y pueblos, que no habían cambiado, fue distinto. Sólo es cuestión de arrimar el agua, de sacársela a las piedras, de unir corazones, ideas y fuerzas.





patricia romana bárcena molina
Subdirectora de al margen . net
Estado de México.
Maestra en educación especial. Directora del Colegio Vallarta Arboledas.