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Elogio del hedonismo
Mauricio Sáenz




                   El aliento es un ultimo halo sucesivo, la visualización del placer infinito. Desgarrase la vida, nada tan simple como eso.
 
                  Todos los verbos lubrican. Entresacar, revolucionar, transgredir, violar, romper, sorber, instrumentar, todos son verbos danzantes del hedonismo.
 
                  Ser hedonista no es una vocación, pero si un estilo de vida adquirido. Influye el carácter y la formación social y académica para ser un buen hedonista. Es común que no se acostumbre energetizar la materia. Por eso, bien mirado es una auténtica regresión al cavernario mundo de la valoración de los instintos. Un hedonista, es un artista que regresa al primitivo mundo a rescatar la abstracción del goce, al desenfreno de excites y estremecimientos, esto acarrea conductas absurdas, que se traducen en un daño a si mismo, aunque éste no sea el principio del hedonismo, la contradicción natural de los instintos hace que termine confundiéndose placer ensimismado con autodestrucción.
 
                  La creación, es un manjar que se chorrea silenciosamente; el hedonista lo sabe y necesita consumirlo vorazmente. El hedonista reniega de su responsabilidad y compromiso para con el tiempo, no es que sea ingenuo, se distrae y se enajena adrede, representa lo más funcional, existe y deja existir. No puedo decir que los hedonistas seamos escasos, por el contrario ahora se exige discreción moderada. Hasta hace 50 años los hedonistas eran tipos libertinos y prejuiciosos que contaminaban a la sociedad, sin embargo han progresado la maneras de sortear las adversidades, han mejorado las técnicas de hedonear.


                  Hay una distancia entre el hedonista del siglo XIX al del siglo XXI, los primeros fueron protagonistas exploradores de sensaciones embriagantes, de un horror nuevo, de un peligro para la vida favorable, seres que pululaban en busca de fondos para procurarse la vidorria, piedras angulares del modelo ideal del hedonista. Y hoy son adolescentes precoces que curiosean el misterio del hedonismo ilustrado. La locura disfrazada, revestida y probablemente menos intensa, aunque parezca lo contrario.
 
                  Los detractores del hedonismo pretenden desenmascararlo como una oscuridad macabra, detestable y antinatural, nada más alejado de la realidad. La crítica de la sociedad, siempre es subjetiva, y no se puede a la vez ser juez y parte, por lo tanto no hay argumento válido que descalifique el hedonismo. En la actualidad, se celebra conductas atroces, como la guerra, los fraudes o los crímenes, pero las cosas simples como el desatranque y el recreo de flujos, es indigno.
 
                  ¿Cómo regular las sensaciones, cómo atrapar lo insondable? Son interrogantes que están destinadas a permanecer en el vacío del entendimiento. Las leyes de la naturaleza son automáticas, y no hay manera de negar la fuerza imprecisa de nuestros reflejos apresurados.
 
                  Abrir es abrirse, la vida no es teoría delicada, no es artificio insensible, hay que desgajarse y vaciarse pulcramente a la complacencia del espíritu y los músculos.



Mauricio Sáenz
Tuxtla Gutierrez, Chiapas, México.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autonoma de Chiapas.
Ha trabajado como locutor de radio, participó en el poemario "Díez poemas para engranarse a la muerte"
Actualmente dirige el grupo independiente de teatro "Trilogía" e imparte el curso de Aprendizaje Significativo en la U.V.M. y en la U.N.A.CH. (Chiapas)
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agosto
2004