la nomenklatura       


De la de(s)contrucción y el lenguaje con sabor cubano
Pedro Alberto Aguilar Cueto



“La decadencia del lenguaje es quizá solamente una consecuencia de la amenaza de la esencia del hombre, una amenaza que viene de otro origen. Ella surge del olvido del ser”
Martín Heidegger
 


          En su titánica conferencia de prensa en la Habana, Cuba, el canciller de aquel país, Felipe Pérez Roque condenaba la actitud de Santiago Creel,  secretario de Gobernación, por tener poca diplomacia con el presidente cubano Fidel Castro, al que simplemente se refirió como “Castro”. 
 

Felipillo el de(s)contructor

          Pérez Roque descubre la falta de tacto en Creel cuando dice: “Qué lenguaje realmente inusual...”. Al margen de la paupérrima diplomacia por parte del encargado de la política interior de México, Felipe Pérez Roque pone el dedo en la esencia del texto: El Lenguaje.
 
          Aquella maratónica conferencia no sólo será recordada por su abultada duración, sino porque el canciller isleño se dedicó a de(s)construir los discursos de Creel y Derbez, los boletines infames de la PGR y sobre todo lo que trascendía en los medios electrónicos mexicanos.
 
          La filosofía de la de(s)contrucción, atribuida a Jacques Derridá, tiene una herencia heideggeriana, cuando habla de la destrucción de la metafísica. En alemán significa “ver cómo está construida una pieza”. Heidegger quería de(s)contruir para construir  por piezas. Por eso Pérez Roque sonó tan contundente pues deshiló toda la retórica de los políticos mexicanos hasta el grado de dejarlos en absoluta ridiculez.
 
          Seguramente “Felipillo”, como cariñosamente le dice Fidel Castro, supo que Derridá trabajó con tres autores, Foucault, Nietszche y Freud, y entendió que el “asunto” de la de(s)contrucción no es una teoría, sino una estructura que evidencia los límites y que permiten observar cuáles son las categorías que radican que los textos por lo que ellos mismos dicen, lo que buscan.
 
          También le quedó claro a Pérez Roque que este concepto filosófico no es un método, no es un análisis que se aplica en los autores, sin embargo detecta los conceptos claves que sustentan a un discurso (texto o contexto).
 
          Por cierto, Derridá en un estudio sobre Focault detecta el binomio razón/locura. Esto produce una lectura simultánea “al mismo tiempo”, que en Martín Heidegger, Pensar es lo que aparece ocultándose “al mismo tiempo”, y en este sentido se empata el término de la de(s)contrucción.
 

El problema no es con Castro, sino con el lenguaje de Creel

          “Lenguaje realmente inusual”. Como armadura de batalla, el lenguaje de los políticos mexicanos cada vez es torpe, ambiguo y decadente. Y lástima que nuestro secretario de gobernación utilice un lenguaje digno de un palurdo dedicado a la politiquería.

          Decía Heidgger que el hombre tiene el lenguaje porque (el lenguaje) se origina en la palabra pero la palabra como el decir del ser, tiene al hombre, es decir, lo afiata en su destinación. Lo a-fiante es la voz del ser que no se disipa en rumor, sino que se acalla en la queda de la remisión del ser a su verdad (acallamiento y velamiento). En un sentido inicial, la palabra “Ser” es la palabra auxiliar por antonomasia.
 
          Seguramente Creel y Derbez  terminaron por brincarse a su staff de comunicación y plasmaron “ideas” a sus discursos en el que sería una faena magistral. Esa pifia fue explotada por el siempre sereno y seguro Pérez Roque,“al mismo tiempo”.
 
          ¿Qué habrá querido decir Heidegger cuando dijo que  la decadencia del lenguaje surge del olvido del ser?
 
          ¿Sabrán los políticos mexicanos que la filosofía está de moda?. Peor aún, ¿la entenderán, la sabrán aplicar?.
 
          Así como se dice que verbo mata carita, ¿La Filosofía mata la retórica?



Pedro Alberto Aguilar Cueto
Actualmente ocupa el cargo de Jefe de Unidad Departamental de Logística en el Gobierno del Distrito Federal (Ciudad de México).
Miembro del consejo editorial de
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mayo
2004